«El
que sabe no habla: el que habla no sabe», señala el Tao
Te Ching, y Alan Watts dice:
«Hay que evitar dos extremos al escribir sobre el Zen; uno explicar
tan poco que el lector quede completamente perplejo, y el otro, explicar
tanto, que el lector crea que entiende el Zen». Porque no se comprende
el Zen más que lo que se comprende el respirar o el hablar. El
hombre prudente respira y habla.
El Zen es la esencia y el valor del vida, lo que la hace digna de ser
vivida.
Como el Zen usa y descarta todas las formas, ya sean de pensamiento,
palabras o sustancia material, no puede ser descrito en términos
de forma. El Zen, como sendero inmediato, directo, «repentino»,
hacia el Conocimiento, es único en la historia y en el estado
presente de la experiencia espiritual. Excluye los mecanismos de la
filosofía, la mediación de la religión y lo recursos
del ritual y la magia.
Se eleva, con las manos vacías, desde el nivel de la vida cotidiana
hasta las alturas del conocimiento espiritual.
Christmas
Humphreys nació
en Londres en 1901, fue abogado y tuvo una larga carrera judicial que
le llevó a ser magistrado hasta su retiro en 1975. Cultivó
su interés por el budismo y en 1924 fundó la Sociedad
Budista de Londres, una de las mayores y más antiguas organizaciones
del mundo fuera de Asia. Fue editor de la Sociedad y divulgó,
entre otras, la obra de D.T. Susuki.
Entre sus obras cabe mencionar, entre otras, The wisdom of Budhism,
Zen, a way of Life, A Western Approach of Life.
|