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Windelband ha afirmado: «Entre Leibniz y Kant, Lessing es la única
mente creadora de la filosofía alemana: frente a la pedantería
escolástica y la reelaboración ecléctica de materiales
existentes es el único que enriqueció el pensamiento alemán».
En su La educación de la humanidad, de 1780, relaciona el desarrollo del pensamiento religioso con tres diferentes estadios del género humano. El judaísmo habría sido la infancia y el cristianismo la juventud, pero la tercera fase de madurez aún espera en el futuro. Para Lessing, la verdadera edad de oro no está en el pasado sino en el porvenir: le corresponde a la humanidad desde siempre y en todo tiempo. La humanidad explicita su esencia y alcanza su destino en los lentos pasos del devenir histórico y Dios dirige el proceso que le aproxima a la manifestación de sus potencialidades. «Si Dios sostuviera en la mano derecha toda la verdad y en la izquierda el siempre activo deseo de la verdad, aunque éste encerrara la posibilidad de equivocarse, y me pidiera escoger, humildemente tomaría su mano izquierda diciéndole: ¡Padre, dámelo! Porque la pura verdad es sólo para ti»
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