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"Todos
los hombres tienen conciencia de la tragedia en la vida", nos dice
George Steiner, "pero la tragedia como forma teatral no es universal".
Tanto la compleja noción de representar la angustia privada en
un escenario público como la visión del hombre que implica
tienen su origen en Grecia y han evolucionado hasta formar parte de
toda la tradición occidental.
La tragedia quiere hacernos saber que hay en el hecho mismo de la existencia
humana una provocación o una paradoja; nos relata que los propósitos
humanos a veces van a contrapelo de inexplicables fuerzas destructivas
que están "afuera" pero muy cerca. Preguntar a los
dioses por qué debían escoger a Edipo para hacerle padecer
tantísimo o bien por qué Macbeth debía tropezar
en su camino con las brujas, equivale a pedirle razón y justificación
a la noche silenciosa. No hay respuesta, si la hubiera estaríamos
en presencia de un sufrimiento justo o injusto, como en las parábolas
y los cuentos con moraleja, y no en presencia de la tragedia.
En La muerte de la tragedia, Steiner toca un tema que ya preocupó
a otros: por qué una forma que evolucionó desde la Antigüedad
hasta la época de Shakespeare y Racine, a partir de ese momento
se empaña o calla en el teatro. El autor trata de develar las
incógnitas de ese ocaso a través de un estudio que va
desde el teatro isabelino hasta las obras de contemporáneos como
Bertold Brecht o Samuel Beckett.
GEORGE
STEINER (París, 1929), crítico de prestigio, luminoso
literato, profesor en Oxford, protagonista y defensor de la cultura
humanística y clásica occidental, es sin duda uno de los
pensadores más relevantes de nuestros días. Entre sus
numerosas obras de ensayo cabe destacar Lenguaje y silencio: ensayos
sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano, Después de Babel,
Presencias reales y Nostalgia del absoluto.
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